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Compartimos domingo…; compartamos poesía

Domingo, 14 de marzo de 2010

El pasado jueves fue 11 de marzo. Hace seis años que la sinrazón  humana segó la vida de 192 personas e hirió a casi 2000, dejando con el corazón y el alma rota a muchos miles más. Era una mañana de invierno poco después de las 7:30 horas, cuando ‘alguien’ invitó a la muerte a un macabro encuentro.

No obstante me pregunto si hemos aprendido ‘algo’ después de aquel fatídico día, y creo, que los que más deberían haber aprendido no han entendido nada, incluso algunos lo han utilizado, y es más, utilizan el dolor de las víctimas para intereses personales o partidistas. No les olvides nunca y, al menos, que nosotros convirtamos su recuerdo en palabra para que perduren siempre en la memoria de todos.

He querido contribuir a ello contando, en estos versos, una historia que pudiera haberse quebrado aquel día, en cualquiera de aquellos trenes…; en cualquiera de aquellas vias…

De fondo a mis palabras se escucha la sonata “Moonlight” (sonata a la luz de la luna), de Beethoven.

Si os apetece, podéis escucharlos aquí.

 

Fijó sus ojos en el espejo
y saludó la vida
como cada mañana
el negro de su mirada
recorrió su joven rostro
y se detuvo en la sonrisa
inocente de sus labios.

Hoy amaneció el día
–se dijo en silencio-
volveré a encontrarle
de nuevo en el andén
y de hoy no pasa,
hoy le hablaré.

Espera paciente en su estación
de Cercanías
la llegada del próximo tren
que la acercará, de nuevo,
a la sonrisa de ese joven
que todas las mañanas
desde hace más de tres meses
en silencio se acompañan
parte del camino.

El convoy recorre las vías
sentido norte
se detiene.
Abre sus puertas
y el andén rápido se vacía
mientras la vida late nerviosa
entre metal y cristales.
Convoy 035 M.

Se ha acomodado junto a la ventana
y sueña que pronto llegará
a la estación
en la que descenderá,
subirá por las escaleras mecánicas
y desde lo alto observará
la llegada de otros trenes
la llegada de otras vidas.
Tomará un nuevo tren
y continuará su viaje
hacia el norte
pero ya en compañía.

El tren acaba de cruzar
la calle 30
está próxima su estación y…
Un ruido sordo
lo inunda todo
y el convoy se convierte
en un amasijo de hierros
impregnados
de gritos de dolor, de impotencia
de incomprensión, de sueños rotos
de adioses sin despedidas
de recuerdos, de lamentos
de esperanzas perdidas
que recorren
en eco interminable
los raíles del viento.

Miles de espejos
se han quebrado
en silencio
ante la sorda
ausencia de la vida.

No volverá
el negro de su mirada
a recorrer su joven rostro.
La sinrazón humana
acabó con su sueño
cuando ella
como muchas otras
como muchos otros
creyó decidir su vida
alguien decidió por ellos.

 

Feliz domingo, para tod@s.

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