Libros de literatura infantil/juvenil
Este mes de mayo, gracias a la Editorial CTO, ha visto la luz la 4ª edición de “Cuentos a orillas del río Cigüeñuela” y “Los veranos de Josema”. Dos títulos dedicados a jóvenes lectores de 8 – 10 años. La diferencia con las ediciones anteriores es importante en dos vertientes; los dibujos que realizó mi hija Noemí, aparecen en color en esta ocasión. Por otro lado, he incluído al final de cada libro un total de 15 actividades (tres por cada cuento) para hacer más divertida y dinámica su lectura; crucigramas, sopas de letras, búsqueda de palabras, composición de poemas y un montón de actividades más que, espero, os gusten a todos.
No os doy mas detalles de los cuentos que se incluyen en cada libro, pues podéis verlo un poco más abajo, cuando he detallado el contenido de las ediciones anteriores.
Los libros se pueden conseguir en cualquier librería; si no los tuvieran disponibles los pueden solicitar a la editorial mediante el enlace que os facilito.

Josema nos presenta, en esta ocasión, a nuevos amigos que ha ido encontrando en las historias que le contaba su abuelo en los veranos que pasaba con él.
Conoceremos al duende Otto, que nos hablará de los colores del otoño; descubriremos el fantástico lenguaje de las nubes; encontraremos a Nínfalis, que nos ayudará a tener confianza en nosotros mismos; viajaremos de la mano de tres simpáticas gotas de agua: Solacua, Terracua y Lunacua; podremos viajar por las estrellas de la mano de Pequeña Sidus, y…
Los colores de Otoño:
Había estado lloviendo toda aquella mañana y no pudimos salir al campo a pasear. El cielo estaba totalmente cubierto de nubes grises y, según se podía ver, con solo mirar a través de la ventana, no había posibilidad de que pudiera escampar. El gris amenazante de las nubes indicaban que, en cualquier momento, podrían descargar con toda su fuerza, sin previo aviso, y calarnos hasta los huesos. Por eso, mi abuelo decidió que aquella mañana la pasaríamos trasteando por la casa. Por la tarde, después de comer,…
El Lenguaje de las nubes:
Habíamos terminado de comer y nos encontrábamos, mi abuelo y yo, a la sombra de unos álamos, a la orilla del río Cigüeñuela. La comida había estado bien. Bueno, bien no, muy bien.
Mi abuelo se había levantado temprano y había preparado una gran tortilla de patatas que a mi tanto me gusta, y había frito unos pimientos verdes para acompañarla. Mi abuelo cocinaba muy bien.
De camino a las tierras que aquella mañana íbamos a segar, salimos de casa cargados. Mi abuelo con su hoz y su guadaña bien afiladas, y…
Ninfalis, o la fuerza de los sueños:
Casi había anochecido, aunque por la ventana aún se adivinaba el anaranjado resplandor del sol ocultándose por el horizonte, cuando vinieron a dar aviso a mi abuelo de que al día siguiente, por la mañana temprano, tenía que ir a Segovia para un asunto importante.
Antes de acostarnos mi abuelo se preparó ropa elegante y sacó de su armario un par de calcetines de lana de color azul oscuro, que guardaban en su interior un zapato negro cada uno. Sacó un pañuelo blanco de algodón, un tanto ennegrecido ya, de…
El viaje del Agua:
No es frecuente que en el pueblo de mi abuelo llueva los días de verano, tan solo de tarde en tarde alguna tormenta pasajera. De repente aparecen unas nubes, descargan todo el agua que tienen, o casi toda, en muy poco tiempo y de nuevo…, ¡zas!, otra vez brilla el sol como si nada hubiera pasado, sólo que todo parece más brillante y como con más ganas de asomarse al sol.
Pero aquel día, alguien debió dejar abierto algún grifo en las nubes y se le olvidó cerrarlo, y seguro que el sol, aburrido de tanta agua como caía, decidió…
Un paseo por las estrellas:
Recuerdo las noches de verano en el pueblo de mi abuelo, eran muy agradables. El silencio lo inundaba todo; tan sólo se escuchaba el incesante canto de los grillos y el misterioso ulular de algún perdido búho. Cuando había Luna Nueva y el cielo estaba tan oscuro como una inmensa cueva, miles y miles de estrellas titilaban sobre nuestras cabezas haciéndonos guiños desde allá arriba, como si pretendieran mandarnos mensajes en clave.
En el barrio de Madrid, donde yo vivía, era imposible ver un cielo como el que se podía ver sobre el pueblo de…

Comentario a la segunda edición
Con motivo de la excelente acogida que vosotras y vosotros, lectores de sueños y de vida; lectores de esperanzas y futuros; lectores de todas las edades y condiciones; lectores de hoy, de mañana y de siempre, habéis concedido a “Los veranos de Josema”, hemos considerado oportuno hacer una Segunda Edición, en la que hemos rectificado algunas pequeñas erratas detectadas después de quedar impresa la primera.
Así mismo hemos creído conveniente, presentar ésta Segunda Edición con un cuerpo de letra mayor que la anterior que hará, seguramente, más agradable y cómoda su lectura.
No quiero despedirme de vosotras y vosotros, sin antes agradeceros vuestra siempre calurosa acogida y sobre todo, el tiempo que le dedicáis a la lectura y a la vida, porque los libros son, al fin y al cabo, retales de vida.

Comentario a la tercera edición
“La vida son esperanzas
y las esperanzas sueños;
sueña con la esperanza
de alcanzar lo que deseas”.
(Para Merche y Noemí)
Amigas y amigos lectores que tan buena acogida habéis dispensado a las ediciones anteriores de “Los veranos de Josema” y de “Cuentos a orillas del río Cigüeñuela”, y por supuesto, a aquellas y aquellos que espero disfrutéis con esta edición y nuevos títulos, quisiera pediros una licencia.
Además de la dedicatoria que podéis leer sobre estas líneas, quisiera dedicaros a todos vosotros esta nueva edición y muy especialmente, de ahí mi petición, a mi madre, que el pasad0 mes de agosto nos dejó a causa de una enfermedad.
Para ella y para todos vosotros, quisiera reproducir una frase del poeta alemán Goethe:
“A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos, que así será”.
-El autor-

Cuentos a orillas del río Cigüeñula
En los veranos que Josema pasaba con su abuelo Julián en San Cristóbal de Segovia, un pequeño pueblo de la provincia que está cerca de la capital, éste le contaba historias y leyendas de los alrededores. Verdad, fantasía, ilusión, todo depende de…
El río Cigüeñuela.
Una vez cumplidos los ocho años, mis padres decidieron que todos los veranos, al empezar las vacaciones en el colegio, las pasaría con mi abuelo en el pueblo, para ayudarle en las labores del campo, hacerle compañía y, sobre todo, para que me enseñase muchas cosas que no se aprenden en el colegio ni están en algunos libros. Al principio pensé que iba a ser un rollo, pero fue divertido. Durante los años que pasé con él aprendí muchas cosas…
Ramón y sus amigos del río Cigüeñuela.
Me gustaba mucho ir durante las vacaciones de verano al pueblo de mi abuelo. Me enseñaba muchas cosas que no se aprenden en el colegio. Mi abuelo cogía su sombrero de paja y yo mi gorra visera de color azul y empezábamos a andar. Recorríamos campos en los que mi abuelo y otros habitantes de su pueblo tenían hierba para el ganado y que recogían para darles de comer en invierno, cuando la nieve lo cubría todo. Pasábamos por las huertas abriendo los riegos y quitando las malas hierbas que no dejaban crecer a los frutos de la huerta. Cogíamos tomates de la mata, pepinos, lechugas tiernas, algunos rabanitos…, lo que nos apetecía para comer, luego nos sentábamos cerca de una arboleda que bordeaba los huertos y por donde corría el río Cigüeñuela, un río…
Las Tierras del Polo.
Aquella noche mi abuelo me prometió que a la mañana siguiente iríamos a la dehesa a ver a los ternerillos que nacieron la semana pasada y, después, me llevaría a que conociera las Tierras del Polo. No pegué ojo en toda la noche ¡Las Tierras del Polo! Siempre había oído hablar de ellas a la gente del pueblo y contar todo tipo de historias, pero nunca las había visto.
A la mañana siguiente, en cuanto oí ruido en la habitación de mi abuelo, me levanté de un salto, me lavé la cara –bueno, un poco como lo hacen los gatos–, me vestí y me senté en la cocina a esperar a mi abuelo. A los diez minutos –que fueron los diez minutos más largos de mi vida–, entró mi abuelo en la cocina…
La concha mágica.
Siempre me había llamado la atención un objeto que mi abuelo tenía dentro de una pecera redonda de cristal, en una estantería del salón.
Parecía una piedra en forma de plato pequeño y cabía en la palma de la mano. Era del color de la miel clara que tomábamos alguna mañana en el desayuno. Parecía muy suave por la parte externa y un poco áspera por la interna. Muchas veces me había preguntado por qué mi abuelo tenía una piedra dentro de una pecera de cristal completamente vacía.
Recuerdo aquel día porque fue de las pocas mañanas de verano que no pudimos salir al campo, estuvimos todo el día en casa. Mi abuelo entretenido con sus cosas y yo leyendo y dibujando. Después de comer, y sentado en el salón, me acordé de la pecera y…
El Monte de la Atalaya.
Aquella noche, como todas las noches que pasaba en el pueblo con mi abuelo, intenté dormirme muy pronto, pensando que así llegaría antes la mañana. Con el nuevo día, saldríamos a pasear al campo y mi abuelo me contaría otra historia, otra de esas fantásticas historias, de las muchas que él se sabía.
—Descansa bien zagal –a mi abuelo le gustaba llamarme así algunas veces–. Mañana he preparado una bonita excursión. Nos llevaremos bocadillos, agua y algo de fruta para comer por el camino y regresaremos al caer la tarde.
—¿A dónde vamos a ir abuelo? Sí que tiene que ser lejos si tenemos que llevar comida ¿Vamos a madrugar mucho? A mi no me importa, no tengo sueño ¿Hacia dónde vamos a ir? –interrogué a mi abuelo como si fuera un máquina de hacer preguntas, sin dar tiempo a responder…

Cuentos a orillas del río Cigüeñuela 2ª ed.
La primera edición de “Cuentos a orillas del río Cigüeñuela” ha sido fruto del esfuerzo y apoyo de mucha gente que ha creído en su autor; ha sido la verdadera consecución de un sueño, la prueba fehaciente de que los sueños, cuando los persigues, perseveras y te esfuerzas de verdad, puedes alcanzarlos.
El autor considera como ‘hacedores de sueños’ a todos los que han apoyado su proyecto, así como al gran número de lectores que han disfrutado de su obra, porque han sido los auténticos responsables de que este libro, cuya primera edición ha sido personal o de autor, haya superado todas las expectativas.
Por diferentes colectivos, entre los que destacan los educadores, se ha hecho una valoración muy positiva de la obra, recomendándola en diferentes centros como libro de lectura por las enseñanzas que en él se reflejan, y por la evocación que hace de la Naturaleza, de los Sueños y de la Amistad.
Por todo ello, hemos apostado por una segunda edición, avalada por Editorial AlfaSur, con la intención de compartir un sueño, el sueño de su autor, con todos aquellos lectores que deseen aventurarse en un fantástico viaje, en el que el agua como nexo entre los cinco cuentos que componen la obra nos conducirá, uno a uno, por el mundo de los sueños y de la ilusión.
-El Autor-


Mi nombre es José Manuel Contreras de Lucas, y nací el 9 de mayo de 1960 en un pequeño pueblo de la provincia de León, cuyo nombre es Puente Almuhey.
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